El camino de la vida...

Pareciera que los días con el sol se distorsionan, todo se torna más lento, nuestros cuerpos se cansan más fácilmente, y por cada gota de sudor que cae nosotros nos vamos debilitando cada vez más.
Yo camino directo a mi casa, quiero que pronto sea el momento de llegar, pero nada seria igual si no estuvieran conmigo mis zapatillas que me ayudan a continuar.
A ratos oigo un murmullo decir cosas que ni siquiera entiendo, otras veces las logro entender y a momentos simplemente me hago el que no las escucho.
¿Acaso estas cansado? un día escuche a mis zapatillas preguntar, le conteste que no estaba cansado (mentí) a lo que ella me respondió que no era tiempo de cansarse, el camino era demasiado largo como para lamentarse ahora.
Pero no son zapatillas cualquiera son chapulinas modelo Converse, su majestuosidad de zapatilla nueva, se volvían en una valentía de zapatilla vieja, que era capas de hacerlo todo, era la mejor.
Estas zapatillas eran especiales, porque además de gustarme, me protegían de los pisos duros y las piedras que me podían hacer daño. Junto a ellas me sentía seguro y capas de hacer hasta lo imposible.
Yo le pregunte: ¿porque no te cansas mientras caminas?, pero no me contesto, quizás le pareció tonta la pregunta o los bocinazos de los autos que avanzaban por la calzada no me dejaron escuchar.
El viento pasaba por mi rostro pero el sol era mas fuerte y hacia que esa brisa se volviera a transformar en un calor agobiante.
Paso un rato y ahí recién la hoy suspirar y decirme: todos nos cansamos, la diferencia esta en que algunos continuamos y otros no.
Quede pensando mire al cielo y el sol quemo mis ojos haciendo que volviera a bajar mi mirada.
La casa estaba cerca pero aun faltaba por llegar, el sol me tenía un tanto mareado, hasta que volví a mirar mis zapatillas y ahí fue donde recordé la primera vez que las compre.
Las mire en la vitrina, dándome una sensación de que de que las zapatillas me comenzaban a llamar, en ese preciso momento me di cuenta que debían ser mías, que nacimos para estar juntas y desde ese día nunca mas me separe de ellas.
Las volví a mirar hoy y su desgaste y suciedad le daban un aire viejo y a la vez de cariño.
Le comente a mis zapatillas que a ratos me daban ganas de rendirme y me contestó que: a veces era normal, y que por eso ella estaba conmigo para llevarme por el camino necesario.
Yo no entendía nada y antes que dijera algo mi amiga en forma de zapatilla me contesto todo.
El camino es largo, pedregoso y lleno de obstáculos, me decía, a ratos te cansaras, querrás detenerte, pero si continuas al llegar al final te darás cuenta que todo valió la pena.
Cuando de improviso choque, levante mi cabeza y me di cuenta que había llegado a la puerta de mi hogar.
Entre a mi casa subí a mi pieza, y le di gracias por todo a mis preciosas zapatillas chapulinas.
A lo que ella me contesto: de nada amigo, la vida son caminos por recorrer, y mientras tengamos un poco de esperanza continuaremos cruzándolos sin importar cuanto cueste.
Me saque las zapatillas, me senté con una sonrisa en la cara, y pensé que quizás el calor estaba produciendo demasiados estragos en mi, estragos buenos quizás, pero estragos al fin y al cabo.
A pesar de todo prefiero el calor que el frio, prefiero continuar que rendirme, el ser porfiado me hace ser así, el camino recién esta comenzando...

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